Dedicaré mi primera entrada a un tema que provoca opiniones para todos los gustos y yo no voy a dejar de expresar la mía.
Desde su propuesta, el discurso del ministro Alberto Ruíz-Gallardón a favor de la reforma de la Ley del aborto fue polémico. Dispuesto a innovar, el ministro acuñó un nuevo término que la RAE debería estudiar: la
violencia estructural. Dícese de la presión que algunas empresas ejercen sobre
la mujer trabajadora para que la maternidad sea un obstáculo en su carrera. El discurso comenzaba con “la
libertad de la maternidad es la que hace a las mujeres auténticamente mujeres”; por supuesto llamó la atención de todos y lo sigue haciendo. Hoy un centenar de personas se han manifestado en contra de esta reforma que ahora se rige bajo un argumento igual de absurdo que el primero. Solo problemas psicológicos de la mujer podrían ser motivo de aborto. Los manifestantes, por su parte, defienden la libertad de cada mujer sobre su cuerpo y su sexualidad. Afirman que esta medida no frenará el aborto sino que aumentará su peligrosidad. Cada uno tiene sus argumentos, yo, desde luego, al igual que Patricia Hernández, diputada del partido socialista insinuó en su día, creo que esta reforma poco tiene que ver con la propia maternidad y demasiada relación con la
defensa de la conciliación familiar.
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